Ponte un temporizador de cinco minutos y una hoja A4. Escribe tres supuestos que quieres desafiar y dibuja solo con formas básicas. La escasez destila intención. Al compartirlo, pide que el observador narre lo que haría, sin sugerencias ni correcciones, y anota citas textuales.
Marca un límite duro: diez minutos desde la primera línea hasta la prueba. Ese apremio reduce apego y celebra lo suficiente. Si no llega a funcionar, mejor; descubrirás atajos, dependencias y prioridades. Cada intento revela otra arista del problema y nuevas oportunidades de simplificación.
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